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Desvanecimiento del poder: Fecal de verde olivo

La imagen de Calderón no sólo rodeado de militares, lo cual ha sido así desde su accidentada y militarizada toma de posesión, sino con ropa militar sobrepuesta a la civil, hace pensar.
¿No le basta la banda presidencial? ¿Siente que no tiene el respeto de aquéllos a quienes dice gobernar? Javier Hernández Alpízar

Acababa de leer el ensayo de Gustavo Esteva “La otra campaña, la APPO y la izquierda: reivindicar una alternativa”, cuando las agencias de prensa comerciales hicieron circular la fotografía de Calderón disfrazado de militar, en calidad de “jefe supremo de las fuerzas armadas”.
La imagen no es nueva, pero eso no arredra a los promotores de imagen. El verde olivo como símbolo del poder. Esa es la definición primaria del poder: la fuerza, la violencia, las armas, pero habría que ver si la experiencia de la historia dice algo al respecto:
Eso hace Gustavo Esteva en su ensayo publicado en “Z net en español”: http://www.zmag.org/Spanish/0107esteva.htm
Su argumento muestra cómo en Oaxaca no podrá gobernar Ulises Ruiz, porque ha perdido lo principal del poder, del gobierno, la capacidad de hacerse obedecer de grado, la obediencia y el respeto de sus gobernados.
Un gobernante que contara con el respeto de su pueblo, tendría al ejército en los cuarteles y podría salir a pasear sin llevar toda la parafernalia bélica acompañándolo (protegiéndolo).
El hecho de que Ulises Ruiz (y también el disfrazado de militar en las fotos de prensa) necesite que hombres armados lo acompañen para que la televisión pueda filmar unos minutos de video en un parque o lugar público, ese solo hecho, muestra que es un gobierno ficticio.
Gustavo Esteva cita a dos hombres que tuvieron un inmenso poder, que conocieron la guerra, el mando de ejércitos, las derrotas, las victorias, pero que también supieron qué es el poder político, su diferencia con el mando militar. El primero es Mao Tse-Tung:
“C. P. Snow –escribe Gustavo Esteva– preguntó alguna vez a Mao qué se necesitaba para gobernar . ‘Un ejército popular, alimento suficiente y confianza del pueblo en sus gobernantes’, respondió Mao. ‘Si sólo tuviera una de las tres cosas, ¿cuál preferiría?’, preguntó Snow. ‘Puedo prescindir del ejército. La gente puede apretarse los cinturones por un tiempo. Pero sin su confianza no es posible gobernar’.
“Por algún tiempo más – Esteva traslada el saber de China a Oaxaca– Ulises Ruiz podrá seguir abusando de la paciencia del pueblo oaxaqueño. Pero ya nunca podrá gobernarlo. Ha perdido su confianza.”
La imagen de Calderón no sólo rodeado de militares, lo cual ha sido así desde su accidentada y militarizada toma de posesión, sino con ropa militar sobrepuesta a la civil, hace pensar.
¿No le basta la banda presidencial? ¿Siente que no tiene el respeto de aquéllos a quienes dice gobernar?
“Oaxaca –reflexiona Esteva más adelante– configura así un ejemplo extremo del extraño fenómeno del desvanecimiento del poder político. No es la forma más adecuada de la transición y plantea muchos riesgos, pero también está cuajada de oportunidades.”
“El poder se desvanece en México porque lo destruyen o desprecian las clases políticas que lo detentan, mientras la gente les retira su confianza.”
“El desvanecimiento del poder político aviva la amenaza de represión. Existe el prejuicio de que la gobernabilidad puede crearse o restablecerse recurriendo al monopolio estatal de la violencia. Es un equívoco propio de aficionados.”
Aficionados como Ramírez Acuña, Fox, Abascal, Cárdenas Batel, Peña Nieto, Ulises Ruiz, Calderón, se imaginan que lo esencial del poder es el temor a las armas, al ejército.
Como no logran hacerse respetar, habilidad muy lejana a sus torpezas, buscan ser temidos con sus acciones en Guadalajara, Lázaro Cárdenas, Atenco y Oaxaca, pero eso no les está ganando ningún respeto. Por el contrario, crece el repudio. A Fox, por ejemplo, ya la APPO- Los Angeles le prepara un recibimiento de persona non grata para cuando vaya.
Del saber de hombres de estado, concluye Gustavo Esteva que el temor no es suficiente para gobernar: “Dos hombres de inmenso poder, Mao y Napoleón, lo sabían por experiencia. Mao prefería la confianza al ejército, como le dijo a Snow. Napoleón fue más contundente: ‘Las bayonetas sirven para muchas cosas, pero no para sentarse en ellas’. Descalificaba así a los aprendices de dictador que pretendían gobernar con el ejército o la policía. Las armas pueden hacer mucho daño, hasta destruir un país –como acaba de verse en Irak o Líbano–. Pero con ellas no se puede gobernar.”
A Calderón se le ve que la ropa militar le está sobrepuesta. Se ve disfrazado. La frecuencia con que tiene que aparecer rodeado de militares, rindiéndoles homenaje, aumentándoles el salario, posando con ellos, “los hombres del presidente”, es síntoma de debilidad.
Un autor que no siempre está a la altura de algunas cosas que escribe (si no fuera más sabio el correr de la pluma que quien escribe, ¿quién se atrevería?), Fernando Savater, lo ha dicho con tino: “La violencia es el delirio de omnipotencia de la impotencia”.
Los golpes mediáticos “antinarco”, tratando de mostrar a un Calderón de “mano firme”, y las anuncios de tratos preferenciales a militares, policías y policía política del gobierno federal, evidencian que no tienen lo único que Mao hubiera pedido para gobernar: Respeto del pueblo.
¿En qué momento se perdió ese respeto, en las pasadas elecciones y su resultado, inverosímil aún para muchos (algunos empezaron a “creer” cuando les convino), en el sexenio desastroso de Fox, el de Zedillo, o antes?
¿Quién sabe cuándo?, pero estos gobernantes ignoran todo sobre el gobierno de estados. ¿Se educaron viendo Rambo y Robocop? Lástima…
PD: Otro ejemplo, la difusión del asesinato de estado de los gringos contra Saddam Hussein. En Irak van poco a poco perdiendo la guerra. El fantasma de Vietnam los persigue. Mandan más soldados a morirse de miedo de que cualquier niño que se les acerque sea una bomba humana. Matan a un prisionero de guerra. Hacer alarde de fuerza. Todo es síntoma de que tienen miedo. Y seguirán recibiendo cuerpos de negros, latinos y acaso algún anglo, envueltos en la bandera de los Estados Unidos.
Curioso fenómeno: Miedo, alarde de fuerza y la desesperada necesidad de aparecer como soldados contra algo: el terrorismo, el narco, la Mara Salvatrucha, el Chupacabras, el “Cañitas”. Otra lástima.

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