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Ante la imposición del rector: La OPC-CLETA llama a la organización

Publicado en el Machete 197, Octubre 2007.

A mediados de noviembre la UNAM debe de tener un nuevo rector. No puede ser Juan Ramón de la Fuente pues solo puede haber una reelección, que ya tuvo este rector. Ante este hecho político trascendente, todas las fuerzas políticas a excepción de la verdadera izquierda, se están moviendo, inclusive la ultraderecha que está posicionando grupos fascistas en diversas escuelas, además de organismos clericales que desde hace tiempo realizan hasta ceremonias litúrgicas en el campus.
Muchos universitarios, acostumbrados a que la UNAM siempre ha sido un espacio de relativa libertad no quieren ver esta realidad y prefieren quedarse con la idea de que la derecha no tiene ni tendrá incidencia en la Máxima Casa de Estudios. No consideran importante que el poder político nacional (formal) esté en manos de grupos como el Yunque.

El hecho brutal es que los proyectos científicos producen para transnacionales; los planes de estudio se modifican para tecnificar las humanidades; la docencia se limita a transferir datos en lugar de formar estudiantes críticos y creativos, importando sólo lo conviene al mercado; que no existe formación artística, ni posibilidad de organización político-cultural para los estudiantes de bachillerato y universidad. En suma, una desarticulación de los conocimientos con la realidad del pueblo mexicano, aún cuando es éste el que la paga con los impuestos, aún cuando la universidad es nuestra y está hecha para servir al pueblo.

Es así que el proyecto de Universidad vigente, corresponde a lógica neoliberal de convertir los espacios educativos en fábricas de mercancías humanas, adaptables y manipulables. La instauración del nuevo gobierno universitario que dará continuidad o exacerbará este proyecto, será decidida por la junta de gobierno, formada por unos cuantos privilegiados que tienen en sus manos el rumbo de la Universidad más importante de América Latina.
La izquierda, la que detuvo por lo menos parcial y temporalmente la privatización de la UNAM en el año 2000, ni siquiera discute estos temas, cuando mucho se limita a cuestionar la antidemocracia que existe y en su momento denunciará a quien sea elegido como rector por pertenecer a equis o zeta grupo de derecha, ultraderecha o por ser parte del reformismo.
Esto es un grave error. Las condiciones sociales y las contradicciones interburguesas posibilitan plantearse en la UNAM un trabajo político que vaya preparando las condiciones para que la Máxima Casa de Estudios cumpla su función histórica de ser retaguardia estratégica del movimiento social y de ser caja de resonancia de las luchas populares que se enfrenten a las fuerzas militaristas de tendencia fascista que alista Felipe Calderón.
El movimiento estudiantil debe ser el brazo político del pueblo en la Universidad, generando organización, creación artística y científica emancipadora, discutiendo los temas de interés público y generando espacios de diálogo, crítica a los parámetros neoliberales y otros que siempre ha impugnado como las formas elitizadoras para rechazar aspirantes, así como el análisis y crítica a los sistemas educativos básicos en México y las olas de pobreza que desaniman al pueblo excluido, al pueblo indígena, a los pobres a entrar a la universidad, con necesidad de migrar. La UNAM si tiene las condiciones de incorporar más estudiantes, también de hacer universidad nocturnas, entre otras muchas posibilidades.

Ese rol histórico lo han jugado las universidades de San Carlos en Guatemala, cuando el pueblo luchaba en las montañas contra los militares golpistas. Lo mismo sucedió en Nicaragua cuando el FSLN derrocó a Anastasio Somoza. La Universidad de San Marcos en Perú fue una trinchera importante en los noventa del siglo pasado y qué decir del Salvador, donde inclusive la Universidad Católica jugó un papel importante cuando el FMLN defendía la dignidad de ese heroico pueblo.

Ahora que Felipe Calderón militariza el país con el apoyo de los mandos gringos, la UNAM no puede jugar un papel de resistencia menor y mucho menos convertirse en cómplice del poder fáctico.

La ultraderecha tiene los ojos puestos en la UNAM, la ha llamado “Universidad patito” y la ha tratado como tal al intentar reducirle su presupuesto. Como si fuera una empresa neoliberal que debe de quebrarse para poder rematarse, en el presupuesto 2008 se le asignó un aumento de 2.6% que será menor al de la inflación. Y en el 2007 se le intentó recortar aún más su asignación.

Renglones como la investigación son cada día más golpeados, favoreciendo solamente aquellas que beneficien al capital y que serán subsidiadas de manera directa por las trasnacionales convirtiendo a los investigadores en apéndices baratos de los grandes capitales.

Algo semejante sucede con la docencia: a pesar de que hay decenas de miles de aspirantes, no se incrementa la matrícula. No hace mucho que los turnos de los Colegios de Ciencias y Humanidades se redujeron de 4 a 2. Siguen vivas las llamadas “reformas del 97” que las autoridades en turno aplicarán cuando consideren que el movimiento estudiantil no pueda dar respuesta, mismas que pretenden restringir el pase automático de bachillerato a profesional, reduciendo en 4 años la matrícula universitaria en un 40 %. Si no lo han hecho es porque consideran que sigue viva la resistencia que se generó en la huelga del 99-2000, pero van avanzando poco a poco, apretando tuercas donde consideran que no hay resistencia.

Por ejemplo, en casi todas las escuelas y facultades se cobra la credencial universitaria. Pero hacen una excepción con los estudiantes de la Facultad de Ciencias, pues saben que allí hay más grupos organizados.

En fin, el proyecto de privatización de la UNAM continúa y más ahora que el país se inclina hacia el autoritarismo de ultraderecha y los ideólogos fascistas saben lo que les puede significar que un territorio nacional como la UNAM, con más de 300,000 pobladores, se les convierta en espacio de resistencia.

Es cierto que no tienen todos los hilos en la mano para “tomar por asalto” la UNAM, pero el cambio de rector, que es elegido por un puñadito de electores que no llegan a 20, les abre la posibilidad de intentarlo.

La mejor manera de evitarlo no es quedarse a la defensiva, denunciando la antidemocracia. Hay condiciones para ir a la ofensiva. Aunque la generación de estudiantes actual no le tocó de manera directa la lucha del 99-2000, es una generación semejante: inquieta, reprimida, rebelde, todavía formada por importantes destacamentos proletarios.

Los pumas de hoy, siguen siendo jóvenes que aún con su licenciatura no encuentran trabajo; son jóvenes que éste sistema, que dice luchar contra la inseguridad, los considera y trata como delincuentes. Muchos de ellos se disfrazan de “peques” pero viven en barrios populares, viajan en Metro y sus padres proletarios hacen un gran esfuerzo para que puedan estudiar.

La mayoría de los investigadores universitarios que tienen un auténtico espíritu universitario están descontentos con un gobierno que considera a la investigación como algo prescindible. Los trabajadores universitarios ven amenazadas sus pensiones y jubilaciones, los maestros trabajan en condiciones cada vez más precarias, en fin, ésta realidad genera que haya oídos receptivos para quien tenga propuestas coherentes.

Ante estas condiciones, la izquierda verdadera, no puede quedarse al margen del cambio de rector. Desde luego que la intervención en la lucha no puede quedarse en suplicarle a los “divinos electores” que tomen en cuenta a la comunidad y que elijan a un rector que esté dispuesto a defender realmente a la UNAM. No hay que olvidar que esos electores son, en su mayoría, un mosaico de las posiciones políticas que se mueven en la esfera oficial. Pero hay que hacer algo. Hay universitarios concientes de mucha valía que pueden representar a la UNAM, mismos que pueden ser impulsados desde las bases, junto a un programa universitario de rescate de la universidad, crítica, democrática y popular.

Como siempre la izquierda llega tarde a los acontecimientos, pero todavía es tiempo para iniciar discusiones, intercambios y movilizarse para no dejarle al enemigo las manos libres en el cambio de rector.

Por ello la OPC-CLETA y el movimiento estudiantil de la UNAM, convergemos en impulsar el análisis de lo que es y lo que debería ser la Universidad de nuestro pueblo, resistiendo a las aristocráticas estructuras de decisión. Escuchando las voces de las bases universitarias de estudiantes y trabajadores, de rechazados, del pueblo interesado;

Hemos convocado a reuniones amplias, empezando el día martes 16 de octubre a las 12 horas en el auditorio Narciso Bassols de la Facultad de Economía, donde se decidirán estrategias para contrarrestar la ofensiva neoliberal.

La OPC-CLETA considera viable, legítimo y táctico el impulsar como candidato a rector a Luís Javier Garrido, quien ha sido coherente con las luchas democráticas en defensa del carácter público de la UNAM y puede de este modo ser la voz de los sin voz, la chispa que potencie la organización estudiantil, paso necesario para enfrentar al autoritarismo de la derecha, y necesidad prioritaria en la defensa y construcción del carácter público y socialista de la UNAM.

Organización Político Cultural CLETA

Octubre de 2007