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“Porqué Organización Político-Cultural”

Editorial, Periódico el Machete, edición 197 Octubre 2007. 

 La Burguesía (por su parte) no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y por consiguiente, las relaciones de producción y todas las relaciones sociales(…) Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constante distinguen la época burguesa de todas las anteriores.
Carlos Marx, Manifiesto del Partido Comunista.

No todo cambio social representa una propuesta socialista. El capitalismo necesita cambiar y adaptarse a las contradicciones que él mismo genera para así poder perpetuarse.
Si la democracia electoral comienza a mostrar su falacia, donde la participación política queda reducida a comicios electorales viciados y restringidos a opciones impuestas, entonces es necesario reformar las reglas del juego electoral y aumentar de este modo la precaria legitimidad frente a una sociedad harta y desesperada.


Si la corrupción ha minado la eficiencia de las instituciones estatales para poder responder a la creciente pobreza y exclusión social, entonces hay que imponer una reforma fiscal que permita dar más limosnas al pueblo y más poder a los poderosos.
El Estado se mueve desde y hacia las crisis de un sistema que lleva en sus entrañas las contradicciones.
Así, aunque las fuerzas políticas han mostrado la porquería política que las compone y divide a lo interno, esto no ha impedido que logren afianzar acuerdos y alianzas para mantenerse todos (PRI, PAN y PRD) en su estatus de poder.
Es así que todas las reformas que se vienen, como la electoral, la fiscal, la laboral, la energética, representan modos de adaptación neoliberal del Estado a las crisis y contradicciones que ellos mismos generaron. En estas reformas todos ganan excepto el pueblo, quien se reduce a mero espectador de sus debates, riñas y abrazos.
Por su parte la clase económica, y su máximo representante mundial Carlos Slim, ahora el hombre más rico del planeta, mueven sus dineros en aquellos vacíos que el Estado Neoliberal no cubre. El poder económico de los burgueses, ha reconocido desde siempre el carácter cultural de su lucha y así lo hacen ver las fundaciones sociales que hay para cada empresa explotadora en México.
Las principales empresas culturales como son la Radio, la Televisión, el Teatro, la Música, etc, son controlados y dirigidos por los grupos más ricos de este país.
Su presencia abierta, puede verse en cada espacio cultural, en cada museo, exposición, festival, etc.
La lucha por los significados sociales y culturales ha sido retomada por la burguesía, y así lo demuestran las estrategias hacia el bicentenario de la independencia y la revolución. Hoy existen varios proyectos disputándose la hegemonía de la celebración: Televisa, Telmex, CONACULTA, y otro que camina en paralelo, que es el de la UNAM.
Esta última, muestra ahora también la falacia democrática, que tanto criticara el “zedillista-obradorista” rector Ramón de la Fuente: como en las demás instituciones estatales, la UNAM se determina por la misma dinámica fetichista y excluyente del Estado Mexicano.
Lo que tenemos entonces es que los representantes del capital se organizan “político y culturalmente” para adaptarse y perpetuarse en el poder económico y estatal.

Los movimientos socialistas y anticapitalistas en México, por su parte, han sido relegados de la opinión mediática, juzgados y estigmatizados. Esto ha hecho que lo que ayer eran tácticas de fuerza política como las marchas, los plantones y los bloqueos, hoy se planteen como necesarios pero insuficientes para detener el avance del neofascismo, la represión y las reformas neoliberales.
Es por esto que en muchas de las reuniones del movimiento social comienza recorrer el discurso que plantea la necesidad de establecer nuevas formas de organización política basadas en el trabajo cultural, trabajo que despierte conciencias, organice más sectores sociales y enfrente las brutales armas culturales del Estado y de la Burguesía.
Y es que hoy se ve más clara la importancia y urgencia de crear nuevas instituciones de lucha que puedan hacer la batalla en todos los campos de la sociedad incluyendo el de las comunicaciones, el del arte, la música, la televisión, el radio, la pedagogía…en fin, el del amplio espectro de la cultura popular.
Hoy se ve más claro pues, la relación intrínseca entre la lucha cultural y la lucha política, mismas que se determinan mutuamente y que deberán articularse para enfrentar los avances sistémicos del Estado y el capitalismo neoliberal, quien ha sabido esta relación desde siempre.

A lo largo de más de 30 años, el CLETA ha asumido este reto y el resultado de ello son proyectos como este periódico y el Machetearte, que han llevado el trabajo comunicativo a un ámbito político organizativo.
Sin embargo, han tenido que pasar varios intentos fracasados, varias formas de trabajo agotadas y difusas, antes que se pudiera dar una transformación clara hacia una organización política desde sus diversos trabajos culturales.
Hoy el CLETA ha hecho explicita y orgánica su transformación a una Organización Político Cultural. Esto no implica un simple cambio de nombre. CLETA se asume hoy como un proyecto de organización política, donde los dramaturgos, los pintores, los periodistas, los maestros, los artesanos, es decir, los trabajadores de la cultura constituyan una comunidad política, democrática, formativa, responsable, disciplinada…militante.

Atrás quedarán el arte y la cultura como relleno político, como instrumento de agitación efímera. Hoy se perfila una cultura que organice, en primer lugar, a sus creadores y en segundo lugar a los que nos escuchan, nos leen, nos aplauden, nos visitan, etc.
La organización implica la discusión y el cumplimiento de principios éticos, políticos, que emanan desde una comunidad, implica el trabajo político organizativo en aquellos espacios donde se tiene incidencia: en el metro, en Casa del Lago, en la Universidad, en comunidades, en Guanajuato y otros lugares.
El objetivo es claro, los militantes de la OPC-CLETA seremos catalizadores de procesos organizativos y todas nuestras actividades tenderán gradualmente hacia ello. Usaremos el trabajo de comunicaciones (Machete, Machetearte, APIA), el trabajo pedagógico (la Escuela de cultura Popular) y el trabajo artístico, para potenciar la toma de conciencia, para sistematizar círculos de estudio, una formación teórica-cultural integral, un trabajo político democrático y una red de comunicaciones y respuestas nacional e internacional.

Tuvieron que pasar muchos años y muchos errores políticos, democráticos y teóricos, antes que el CLETA diera este paso con la suficiente fuerza, claridad teórica y unidad necesaria.
Todo parece reclamar este cambio, y otros movimientos del mundo confirman esta necesidad. En Venezuela, por ejemplo, se ha planteado ya la importancia de construir político-culturalmente el Partido Socialista que pueda articular políticamente la fuerza social dispersa que representa Hugo Chávez.

Darle el carácter político a la cultura y el cultural a la política, es pues hoy una prioridad del trabajo de la Organización Político Cultural CLETA, y lo hace en este momento histórico, donde el agonizante Estado Mexicano busca revitalizar su legitimidad y funcionalidad frente a sus propias contradicciones, lo hace hoy que la memoria de la independencia y de la revolución nos inspiran a realizar las utopías, las metas y los retos de la construcción y lucha socialista en un país de hambrientos, de excluidos y de represiones.
Este Periódico, se asume desde esta perspectiva, no sólo como un órgano más de información, sino como un medio de un movimiento político, de un proyecto articulado, donde los productores y lectores puedan ser partícipes de la construcción de comunidades autogestivas.
Como todo militante, los integrantes de la OPC-CLETA y todos sus proyectos deberán hablar con el ejemplo, antes que con las meras palabras y las meras reflexiones.
La OPC-CLETA ha nacido discutiendo y ejerciendo sus principios éticos, políticos, culturales, principios de lucha que hoy se afirman y se clarifican. Nada está terminado, todo es perfectible y así deberá ser nuestra lucha.
El Machete agradece a todos los que formaron y forman parte de este proyecto cultural que hoy se denomina OPC-CLETA y te invita a ti lector, a ti colectivo, organización a que formes parte de esta comunidad de trabajadores de la cultura, que formes parte de este movimiento político.