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La masacre de Uribe en complicidad con el gobierno de EU no puede quedar impune

El sábado primero de marzo el ejército colombiano realizó una incursión al territorio ecuatoriano asesinando a Raúl Reyes líder de las F.A.R.C (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y 25 personas más, entre los cuales se encontraban 4 mexicanos. Esta acción apoyada por el ejército y gobierno de Estados Unidos, fue una verdadera masacre planeada y deliberada: “El general Freddy Padilla León, comandante de las Fuerzas Militares [de Colombia], se trasladó al lugar desde el 29 de febrero al mediodía, lo que confirma que se trató de una operación previamente planeada, con “Día D” (primero de marzo) y “Hora Cero”, exactamente la medianoche… El integrante del Secretariado de las Farc [Raúl Reyes] continuaba vivo, narran algunos de los ejecutores de la acción, por lo que soldados del Ejército le dispararon otra vez hasta darlo de baja.”[Primera Página - Agencia de Noticias, Colombia - 01/03/2008].

El ataque no respetó ni siquiera leyes del derecho internacional en situaciones de guerra. Fue una acción salvaje y desproporcionada contra unas decenas de personas que dormían. En un primer momento, se arrojaron diez bombas de 500 libras que provocaron cráteres de 2.40 metros de diámetro por 1.80 metros de profundidad, que son las que ha utilizado E.U en la guerra del Golfo Pérsico en 1991; posteriormente, con metralletas emplazadas en helicópteros se disparó a mansalva contra todo lo que se moviera; y, por último, personas heridas y ya sometidas fueron asesinadas con el tiro de gracia en la espalda o en la cabeza.

Esta acción busca generar un conflicto de mayor alcance

En primer lugar, además de golpear a las FARC, se busca cancelar el proceso de liberación de las personas retenidas por estas, proceso que las FARC venían realizando con la intermediación del presidente de Venezuela Hugo Chávez, entre otras cosas buscando una presión internacional sobre el presidente de Colombia, Uribe, que pudiera llevar a un diálogo para la paz en Colombia. La masacre al campamento (donde se preparaba un encuentro con el presidente de Francia), le apuesta a la guerra y trata de cancelar una salida política a la situación que vive Colombia desde hace varias décadas.

En segundo lugar, pretende ir sentando las bases materiales para detener el avance de los procesos democráticos en Ecuador, Venezuela y Bolivia. El gobierno gringo ha venido convirtiendo a Colombia en una base de operaciones militares, de espionaje y control territorial, desde donde monitorea los más diversos procesos políticos, económicos y sociales que se desarrollan en América Latina. No son casuales las denuncias de la ayuda militar que recibe Colombia de Estados unidos: “6,000 millones de dólares en ayuda militar en los últimos siete años, incluyendo el estacionamiento de 1,500 asesores militares y fuerzas especiales estadounidenses, docenas de comandos y formadores israelíes, financiación para 2,000 combatientes mercenarios y más de 10,000 efectivos paramilitares que operan en estrecha colaboración con las Fuerzas Armadas de Colombia, compuestas de 200,000 hombres” [James Petras, Rebelión- marzo, 2008].

En tercer lugar, el interés de E.U. por controlar los países latinoamericanos (incluido México, claro), es el interés de las grandes trasnacionales por continuar y profundizar la explotación de los recursos materiales, humanos y naturales con los que contamos, en especial el petróleo (no es casual la pretensión de Calderón de privatizar PEMEX y la industria eléctrica). Recordemos, también, que en Venezuela se ubica la faja del Orinoco, con la reserva más grande de petróleo del mundo y ya sabemos de lo que es capaz el imperio con tal de obtener este recurso: inventar pretextos para invadir países y desatar guerras que, como en Irak, han arrojado más de un millón de muertos en sólo 5 años.

En este conflicto, una vez más se evidenció la subordinación de la OEA a los intereses de E.U. sólo reconociendo que hubo violación del territorio de Ecuador, sin importar en nada la masacre, los muertos ni sus familiares, ninguna condena, muchos menos castigo a los asesinos. El único país que justificó la acción del gobierno de Colombia fue precisamente el de E.U.

Las amenazas del imperio no cesan. Varios días después de la masacre, Bush declara: América del Sur tiene que elegir entre terroristas y demagogos o apoyar a Uribe; un día después la secretaria de Estado Condoleeza Rice, en su gira por Brasil, declara “Si Venezuela tiene lazos con las FARC, E.U. actuará en consecuencia”. Es indignante la sinvergüenza de intentar acusar a Chávez de “terrorista”, cuando el principal terrorista del mundo es E.U., país que gasta “oficialmente 42 millones de dólares diarios en guerra” y su “cachorro” Uribe, desde su llegada a la presidencia (2002, reelecto en mayo de 2006) no ha hecho más que profundizar el terror impuesto al pueblo colombiano por sus antecesores. Por mencionar un ejemplo, esta el fortalecimiento de grupos paramilitares como verdaderos escuadrones de la muerte que mantienen aterrorizada a la población pobre y trabajadora con asesinatos y las peores torturas permanentes; cientos de haciendas convertidas en verdaderos campos de concentración y exterminio donde, desde 2006, se empezaron a encontrar fosas comunes con restos de miles y miles de personas con sus miembros mutilados con el uso de motocierras; entre 1994 y 2003, a los grupos paramilitares se les atribuye 1,969 masacres con 10,174 víctimas y más de 6,000 desapariciones forzadas durante 2004; podemos imaginar la dimensión del problema cuando a mediados de 2006 se hablaba de 30 mil hombres de los escuadrones de la muerte “desmovilizados” sin ser investigados ni juzgados por sus delitos y, en los meses siguientes se denuncia la formación de nuevos grupos paramilitares, sólo reciclando a los “desmovilizados”.

El imperio tiene sed de sangre, como dice Fidel Castro. Debemos estar alertas ante cualquier agresión a los pueblos de América del Sur que luchan por su soberanía y por el control de sus recursos naturales.

EL CASO DE LOS MEXICANOS

De los 25 asesinados en Ecuador, se encuentran cuatro mexicanos, Fernando Franco, Juan González, Verónica Natalia Velásquez, estudiantes de la facultad de Filosofía de la UNAM y Soren Ulises Avilés, egresado del I.PN y Lucía Morett que resultó herida.

Desde el momento en que se supo que varios de los muertos eran mexicanos y estudiantes de la UNAM y el I.P.N., en nuestro país se ha desatado una campaña en contra de la UNAM, acusándola de ser una institución que forma “terroristas”. Toda una campaña por desviar la atención del problema y por desprestigiar a los estudiantes y a la UNAM.

Los ataques a la UNAM no son casuales; llevan un mensaje muy claro en dos direcciones. La primera, tratar de desviar la atención y dejar de lado a los responsables de la masacre. En este contexto, el silencio del gobierno de Felipe Calderón lo hace cómplice de este hecho y es una muestra más de su subordinación a la política criminal de Estados Unidos. Hasta el momento no ha habido ninguna declaración de condena y de exigencia de castigo a los culpables de semejante crimen. La segunda, ir tratando de convertir en delito la actividad política que se realiza en UNAM. En particular, el movimiento estudiantil se ha caracterizado por su apoyo a las luchas de los pueblos de América Latina y del mundo. No por nada los auditorios de algunas facultades de nuestra universidad llevan los nombres de revolucionarios como: Che Guevara, Ho Chi-Minh, Ricardo Flores Magón. También ha sido un espacio de crítica a la política de dominación y guerra de Estados Unidos. Se han realizado marchas en contra del genocidio que ha realizado el ejército norteamericano contra el pueblo de Irak. Se han llevado a cabo actos de apoyo a la Revolución Cubana y a la Bolivariana. Se han realizado actos de apoyo al EZLN y a los pobladores de San Salvador Atenco. También se denunció la masacre que realizó el gobierno mexicano en el Charco. En fin, la UNAM se ha caracterizado por ser un espacio crítico y de apoyo a las mejores causas de nuestros pueblos. Detrás de los ataques a la UNAM se encuentra el mensaje de que ésta actividad no debe realizarse en nuestra universidad. Que la universidad no se inmiscuya en los problemas sociales, que la universidad sea espectador ante las injusticias el abuso del poder. ESTO NO LO VAMOS A PERMITIR.

La universidad no puede permanecer indiferente ante este crimen de Estado que se cometió en Ecuador contra nuestros compañeros. Tampoco podemos permanecer indiferentes ante las agresiones del imperio contra los pueblos de Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia que luchan por su soberanía y ser ellos mismos quiénes decidan su futuro.

Como no podemos permanecer indiferentes tampoco ante las agresiones de la oligarquía, el gobierno y el ejercito colombianos en contra del pueblo rebelde de aquel país, que ha luchado y resistido lo indecible por su libertad y por la justicia social.

Compañeros: Somos herederos de una gran tradición del movimiento estudiantil que con su lucha ha hecho que esta universidad siga siendo pública y gratuita y siempre halla estado al lado de las causas del pueblo. Redoblemos nuestros esfuerzos en contra de la masacre, redoblemos nuestros esfuerzos en la solidaridad con los pueblos de América latina y del mundo. Redoblemos nuestros esfuerzos al lado de nuestro pueblo que resiste por defender sus derechos.

CGH – Ho Chi Minh

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