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La UNAM: más allá de sus estudiantes y de sus autoridades.

Por Erandi Villavicencio

 

En este abril de 2008, la UNAM sobrelleva un proceso de cambio y consolidación del aparato burocrático. El nuevo Rector con su nuevo cortejo de directores y autoridades, marcan los inicios de políticas mustias en cada una de las instancias académicas y culturales. El escenario de elecciones de la dirigencia eterna del Sindicato (STUNAM) muestra por sus parte las carencias y manipulaciones que la universidad ha contenido desde hace ya largos años, en su base trabajadora mal pagada y  burocratizada.

El posicionamiento mediático que el ex rector (De la Fuente) consiguió para esta Universidad está basado en cambios en el cascarón y no en la estructura  y fundamentos de lo que esta Universidad es: un híbrido de institución que no dialoga con sus bases, con la realidad mexicana y ni siquiera con sus propias capacidades y posibilidades para expandirse como un centro de conocimiento para la transformación social.

Si bien esta universidad es pública porque fue defendida por el movimiento estudiantil, su gratuidad se debe a que es pagada  y financiada por los impuestos de un pueblo al que nada le es gratuito. Es por esto, y no por mera consigna repetitiva,  que  sus espacios deben ser ocupados y recuperados por todas las  personas de nuestro México.

Y es que la UNAM, pese a su “legal” autonomía,   se encuentra estancada en la ordenación que el capitalismo y las correlaciones de fuerzas políticas partidistas le están dictando,  como así se manifestó  en el trasfondo político  que se movió con la presencia de Calderón a Casa del Lago el año pasado.

Como toda institución  capitalista, el diálogo entre las autoridades y los sectores afectados por sus políticas, será sólo un bonito discurso político,  hasta que las movilizaciones estudiantiles y populares  obligue la realización de acuerdos y  la defensa  de nuestros derechos universitarios y constitucionales.  Será este movimiento y no las autoridades quien tendrá que exponer claramente las deficientes formas y contenidos del programa pedagógico y político de la universidad, así como la responsabilidad social de la que debería ser punta de lanza nuestra máxima casa de estudios (donde más se expande la ceguera e ignorancia del pensar ensimismado y agachado).

La omisión y negligencia para  enfrentar lo social a través de la lucha política, -y que conste que no estamos llamando a tomar las armas-, es cruel y tediosa como un charco de lodo que nos ahoga en nuestra ignorancia y la impotencia social.

La universidad  sigue ocultando, tras el velo de una técnica transformadora, las concepciones que buscan reducirla a un marco neoliberal “competitivo” donde lo que menos importa es la socialización del conocimiento y   la construcción de  las condiciones para enfrentar la pobreza y la desigualdad social.

La UNAM no está siendo capaz de asumir el reto de una pedagogía que enseñe a pensar y  que logre superar la profesionalización servicial para el mercado internacional, hacia una  conformación de una economía nacional potente e igualatoria, una aparato político que razone las necesidades públicas, una organización social para la discusión  y la no enajenación de la opinión pública, un aparato cultural que promueva la conciencia de nuestra realidad y enfrente colectivamente las contradicciones de un sistema  que acaba con la vida.

Dichoso el día que deseemos con toda nuestra fuerza vivir dignamente. ¡A eso si estamos llamando!

 

Existen varias alternativas dentro del movimiento estudiantil  que han asumido el reto de tomar en sus manos el proyecto político cultural por una Universidad del pueblo y para el pueblo. Desde nuestra trinchera hemos asumido este reto con actividades en el Foro Abierto de la Casa del Lago, un espacio popular de la UNAM. Nuestro trabajo en este lugar es mantener la cultura que se responsabiliza de la situación social a través del teatro, la danza, el canto y la música popular, talleres de artes y oficios, etc.

Actualmente  y después de múltiples ataques, difamaciones y  ofensivas, la OPC-CLETA ha refrendado su compromiso asumido por más de 35 años,  y no dará un paso atrás en el uso, mejoramiento y expansión popular y organizativa de este  espacio universitario.  La OPC- CLETA y su seccional universitaria (CLETA-UNAM) tiene conciencia de que el espacio es financiado por un pueblo que tiene todo el derecho de usarlo, de  transformarlo y defenderlo, y es por esta conciencia  que no permitiremos que  las autoridades sigan relegando una infraestructura obsoleta y deteriorada, sin espacio alguno para nuestro colectivo, con un sonido inservible, mesas destruidas y sillas que en años no se renuevan.  Aún se nos niega la participación semanal, y no existe interés en  difundir y colaborar con nuestro proyecto artístico.

Todas estas actitudes no son contra el CLETA-UNAM, sino contra las miles de personas que asisten mensualmente a disfrutar y formarse de nuestros trabajos gratuitos. Las autoridades  le están negando la infraestructura  a  los cientos de personas y miles de espectadores que han pagado con su trabajo y su explotación cada uno de los micrófonos, sonidos y la infraestrucutra que mantienen encerrados en sus bodegas.

Es por esto que la difusión o colaboración fraterna entre autoridades de Casa del Lago y CLETA-UNAM retrocederá a un imposible en tanto la línea política de la Universidad siga priorizando la elitización de la educación y la cultura, el fomento al modelo neoliberal de la cultura, la falta de protección y de alternativas  a los  profesionales (que escupe por miles en cada generación), así como negación de la formación político cultural de sus egresados para la organización y el liderazgo social.

El CLETA no se quedará con los brazos cruzados. La sordera de las autoridades y su trato humillante a nuestro pueblo y nuestra cultura, obligan a  tomar medidas políticas, organizadas que los hagan comprender que los derechos no se negocian  y  que las necesidades culturales no admiten excusas ni  pretextos.

Estas no son sólo problemáticas del CLETA sino que responden  prácticamente a las preguntas que todo mexicano debe hacerse como ¿Qué universidad quiere el pueblo? ¿Cuáles son las necesidades educativas de un pueblo que vive en la injusticia? ¿Qué hace falta para los mexicanos tomemos en nuestras manos éstas fábricas de conocimiento? 

De todos depende que estas respuestas se vuelvan realidad. Únete con nosotros, te invitamos  a que uses, defiendas y transformes tu universidad, aquella que tu pagas, con tu trabajo, con tu vida.

Estamos todos los domingos de 12 a 4:30 pm en el foro abierto de Casa del Lago, ahí podrás organizarte no sólo para defender tu universidad, sino nuestro petróleo, nuestra constitución..nuestro futuro.