La OPC-CLETA y los Partidos Políticos
Primera de dos partes
Por Enrique Cisneros Luján
CLETA nació el 1º de febrero de 1973, cuando la propuesta oficial de mediatización se llamaba “apertura democrática” y después “reforma política”. En síntesis, esto significaba que había que abrir espacios a la izquierda, pues por un lado el movimiento social y por el otro los grupos armados, habían puesto en crisis las formas de control del priísmo.
Ante esas iniciativas gubernamentales muchos militantes de izquierda entraron a lo que llamaron “dar la lucha desde adentro”. Otros, como el CLETA, preferimos irnos hacia los sótanos de la sociedad para seguir laborando, sin aceptar las canonjías que se obtenían al entrar a la lucha partidaria, promovida por el asesino de Tlatelolco, Luis Echeverría y su sucesor José López Portillo.
Algunos partidos ya existentes como el Comunista Mexicano (después PSUM y PSM) y el PPS, junto con nuevas agrupaciones como el tristemente célebre Partido Socialista de los Trabajadores, PST (de Aguilar Talamantes), aunque afirmaron que su lucha no sería electorera, terminaron más electoreros que los mismo priístas. Pocos agrupamientos partidarios se mantuvieron firmes en una lucha no electorera, como el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), que finalmente, después de más de 10 años, se disolvió para entrarle a las reglas que marcó el estado.
En toda esa época que abarcó desde 1973 hasta 1987 en que Cuahutémoc Cárdenas se escindió del PRI (porque no le dieron la candidatura a la presidencia), CLETA se mantuvo sumergida en la lucha popular, confrontada con muchos de los antiguos dogmáticos y poco a poco “democráticos y plurales” dirigentes de los nacientes partidos.
Desde 1974 el PST trató de convertir a CLETA en su brazo cultural. En 1975-76 fue la alianza PCM y PRT la que en una asamblea pretendieron dar un madruguete. Como no lo lograron, hicieron una labor permanente para llevarse cuadros a sus filas, satanizando a los que en la cotidianidad participaban artística y culturalmente en huelgas como SPICER, la lucha del Campamento 2 de Octubre, la construcción de
CLETA se atrincheró en las barricadas del pueblo y desde allí enfrentó las agresiones gubernamentales, pero también la de viejos compañeros que nos acusaban de antipartidistas y antielectoreros.
Ambas afirmaciones carecían de sustento. Nuestras posiciones no eran antipartido y la mejor prueba fue que la estructura de CLETA, con la que enfrentamos los difíciles retos de la resistencia, con la que junto con el pueblo obtuvimos valiosos triunfos, como fue detener la privatización de bosque de Chapultepec, era una forma de organización partidaria: con militancia, niveles de participación, cuadros, definiciones políticas, principios, escuela de formación ideológica, etc. Eso está más que documentado.
No éramos antipartido, pero nos negamos a reconocer como partidos a esas agrupaciones que en aras de ser reconocidas por el estado (entre otros objetivos para recibir subsidios), lejos de ser partido se convertían en frentes disfrazados, donde no contaban los principios ni la consecuencia política, sino el acarreo, el corporativismo, la falta de formación ideológica de los integrantes y demás vicios de la forma de organización priísta.
Tampoco fuimos antielectoreros (a priori), como nos criticaron. Cuando a finales de los setenta
No es que fuéramos antielectoreros, simplemente nos negamos a alentar en la gente el espejismo de que la lucha electoral es la única vía para cambiar el sistema político.
Y también dimos la lucha desde adentro, pero no necesariamente desde la trinchera de los partidos. Cuando
No le entramos al juego de las mentadas reformas políticas pero siempre fuimos respetuosos de las bases, que muchas veces corporativizadas sirvieron para la integración de dichos partidos. Por ejemplo, en Chihuahua y Durango trabajamos de manera intensa con los CDP´s hasta que decidieron integrar una parte importante del Partido del Trabajo (PT). Cuando doña Rosario Ibarra decidió entrarle como candidata a la presidencia de la república por el PRT seguimos laborando con el FNCR y luchando por la defensa de los presos políticos y exigiendo la presentación de los desaparecidos. En ambos casos nos hicimos a un ladito, pero sin entrar a la eterna lucha cavernaria, de la izquierda de acusar a las bases de reformistas.
Nosotros fuimos respetuosos, no así muchos de los dirigentes de algunas de esas organizaciones partidarias, que lo menos que nos dijeron fue que éramos parte de la izquierda “intrascendente”
Vino entonces la lucha electoral por la presidencia de 1988. Si bien no le entramos pues consideramos que Cuahutémoc Cárdenas impulsaba una lucha sin principios, en la que incorporó a mucha gente honesta, pero también a verdaderos mercenarios de la política como los “talamantes”, en esa ocasión no hicimos campaña antielectoral. Fuimos respetuosos de la decisión popular de participar masivamente para “sacar al PRI de los Pinos” y después del fraude, participamos activamente contra la imposición de Carlos Salinas. Pero mientras el pueblo luchaba, Cuahutémoc Cárdenas se reunía y llegaba a acuerdos, en lo oscurito, con ese nefasto personaje.
Nos sumamos a la lucha contra el fraude pero nunca perdimos la relación de lo que significan estos caudillos que nada tienen que ver con las luchas del pueblo. Nuestra posición de aquellos momentos se puede captar en la “calavera” que en noviembre de 1988 le hicimos al ingeniero Cuahutémoc Cárdenas, que siempre insistió en mantener sus alianzas por sobre de principios, con dirigentes como los que venían del PST. Esa calavera versaba:
Ya se murió el ingeniero
Haciendo un experimento
Se obstinaba en separar
La mierda del excremento.
En lugar de encabezar la lucha del pueblo contra el fraude, el ingeniero y sus aliados propusieron la formación del Partido de
CLETA decidió seguirse manteniendo como organización independiente, sin integrarse y mucho menos disolverse para formar ese nuevo frente que llamaron PRD que si bien lo engrosan mucha gente honesta y valiosa permitió se permitió que fuera dirigido por “guías morales”, sin principios claros, con propuestas “democráticas” que se sumaban a la negación socialista y comunista que se daba en esas épocas, en que se caía el muro de Berlín.
Precisamente en esas fechas, en septiembre de 1989, el periódico de CLETA, el Chido, dejo su estructura para que resurgiera El Machete, con la hoz y el martillo, con el lema de proletarios del mundo uníos, tal cual lo diseñaron los comunistas en la década de los 20´s en el siglo pasado. Ese es el que tienes ahora en tus manos.
En el próximo Machete:
Posted: Mayo 1st, 2008 under El Machete No.199, El Machete.
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