Teoría crítica: la recuperación del horizonte.
Por Octavio Valadez.
Se llaman anteojeras los dos cuadrados de cuero que les ponen a los burros y caballos para que sólo puedan ver lo que ocurre adelante. Mientras más sigan su inmediatez, mejor obedecerán; mientras menos vean que el horizonte es mucho más amplio que su mirada, mejor se adaptarán a su esclavitud.
Ver el horizonte, es ya un poner en duda una forma única de avanzar. ¿Porqué no ir para el otro lado? ¿Por qué aquel caballo va hacia el sur y yo hacia el norte?
La amplitud del horizonte es la amplitud de las posibilidades de una elección distinta.
Puedes leer un libro, un periódico, pero si no ves que más allá del libro y de tu curiosidad está una sociedad llena de contradicciones reales, entonces no te comprenderás en lo que lees, vivirás en la inmediatez.
Los caballos terminan asumiendo su visión como lo “normal” y lo “real”, y se comportan como si estuviera en su “naturaleza” ser domesticados y usados por el hombre. Toda “ideología”, “falsa conciencia”, “teorías tradicionales” son anteojeras que cumplen un papel similar en la sociedad: te hacen ver un horizonte que no puedes cambiar, una realidad en la que sólo puedes avanzar, analizarla y a veces mejorarla.
Cuando un joven quiere comprender y transformar su realidad a la luz de un mundo distinto se le aprieta la correa, se le tacha de idealista y de iluso y se le adiestra el pensamiento: “Tienes que partir únicamente de lo que hay y lo que hay es explotación. Aprende a ser el mejor de los explotados, el más eficiente trabajador que enriquece de la mejor manera a su patrón. Saca diez, mención honorífica, diplomas, muéstrale al mundo que le obedeces de manera excepcional y que nunca podrías dudar de su existencia.” “Ya que el mundo no lo podrás cambiar, busca la cura para una enfermedad, encuentra nuevas estrellas en el universo, estudia las plantas y los animales, aprende a usar las leyes, haz y estudia lo que quieras pero nunca uses “Juicios de valor”, nunca critiques a un mundo que no puedes cambiar.”
Ver la realidad de manera dialéctica (dia-atravesar, lectum horizonte) es un re-conocimiento crítico de la realidad donde emerge un horizonte, una totalidad llamada “capitalismo” que se ha vuelto el destino de los caminos y de los jinetes de nuestra cotidianidad.
Ver de manera crítica esta realidad, es tomar concientemente a cada individuo como parte de una red de relaciones sociales, donde se divide al trabajo, se divide los beneficios, las injusticias, la dominación. Y es que no hay ningún individuo que esté separado de un todo y no hay ningún sistema (feudal, capitalista o socialista) sin los individuos que lo crean o destruyen. La realidad es una producción y el pensamiento que piensa esta realidad también lo es.
Sin embargo, sólo se “ve” más allá del pensamiento inmediato cuando se pone en duda el orden mismo de las cosas; y sólo se pone en cuestión el mundo cuando hay un interés de justicia, cuando te pones de lado “de la victima” y no permaneces en la falsa neutralidad del pensamiento, cuando niegas aquel discurso que afirma la opresión, la desigualdad y la pobreza como un destino dado, al que sólo podemos reducirle sus efectos.
Así pues ver más allá de las anteojeras, implica vivir más allá: alzar la voz en la clase para cuestionar una posición dogmática del profesor, implica el poner en duda la legitimidad del gobernante, la propiedad del patrón, la verdad misma.
Es por esto que los verdaderos pensadores críticos habrán de encontrarse no en los espacios de la parsimonia intelectual sino en los espacios de lucha, cuando se comprende que no podemos “salirnos” de este mundo para estudiarlo. Que basta alzar la vista más allá del libro, para ver al hambriento pidiendo limosnas en los pasillos, en los vagones del metro, en las calles. Que basta voltear a un lado para ver que son reales los hambrientos que mueren de hambre, que son reales los asesinados y los encarcelados por luchar.
Hasta aquí podríamos ubicar la teoría crítica como momento de la lucha donde se busca “ver más allá” del horizonte, en una praxis que asume un “vivir más allá” del horizonte.
Sin embargo, los caballos liberados de sus anteojeras, comúnmente se dirigen al precipicio fatal de un espontaneísmo.
La teoría crítica emerge en un segundo momento de la lucha, cuando ésta se organiza y lucha, para mantenerse, para expandirse, para constituirse como un nuevo horizonte.
La factibilidad de una transformación implica no la aniquilación de lo espontáneo sino su cauce y su dirección. Una concepción que justifica o legitima una acción y praxis “sólo espontánea” o “sólo teórica”, es una de las anteojeras más habituales en la izquierda.
La praxis transformadora, el liberarse colectivamente, sólo se realiza en tanto circunscrita a principios consensuados por la comunidad desde donde se realiza. Las posibilidades infinitas de lo espontáneo deben caminar con las posibilidades restringidas de los principios. Vivir sin teoría es pues vivir sin principios, y por lo tanto es correr y correr hacia ningún lado, creyendo que por el simple hecho de correr se huye de la esclavitud y de la domesticación.
Y es que todo principio implica ya una concepción del mundo, del hombre y de la historia. Su omisión hace de la praxis, un activismo individualista, libertino, cuyo punto de partida y de llegada es uno mismo.
Desde esta perspectiva toda lucha que así se pronuncie, es ya una unidad teórica y práctica, aunque no necesariamente toda teoría y práctica sea realmente crítica. Ser críticos será cumplir los principios, por que los conozco, porque los entiendo porque yo fui parte de su consenso y decisión colectiva.
Es por esto que el PRD no ha sido un partido político del pueblo con una comprensión común de su totalidad. Los principios siempre han sido desbordados, la realidad ha sido la inmediatez de sus intereses particulares y de grupo. Su pútrida elección interna NO muestra las “diferencias normales” de todo partido, sino las pugnas ignominiosas de una agrupación sin principios, y por lo tanto de una institución alienada, dirigida por las anteojeras de sus ambiciones de cúpula.
Si, tomaron las tribunas frente a la anunciada reforma energética y en la protesta de Calderón como Presidente, pero sus diputados también aprobaron de manera express la ley televisa, pero sus senadores aprobaron la traidora ley indígena, y prácticamente no hicieron nada para detener las reformas al seguro social y a la ley del ISSSTE.
Si en algún momento se pensó que la “opinión ambigua” era sólo una táctica mediática para un fin estratégico justo, hoy puede afirmarse que es la opinión ambigua y no la crítica, la fuente y fundamento de la praxis de un gran sector dentro del movimiento de lucha, incluyendo por supuesto al PRD.
Por ejemplo, la lucha contra
Esto no implica que debamos sumarnos a la “opinión” y labia envenenada de Joaquín López Dóriga (y su séquito de merolicos) y asentar con la cabeza que la reforma debe hacerse porque “de todos modos ya ni soberanía teníamos sobre nuestro Estado”.
Sin embargo, la teoría puede ayudar a clarificar los modos en que realmente potenciaremos y construiremos condiciones de transformación.
Lo que sucede con el PRD es sintomático de gran parte de los movimientos de lucha “estatales”, pero también con muchos movimientos no estatales. La inercia de un movimiento basado en “posiciones públicas”, mejor dicho “opiniones” termina por evidenciar la falta de coherencia y conciencia de sus “acciones” para transformar la realidad. Poner una opinión en una portada de un periódico ó desplegado, en un gran mitin, incluso en una clase, puede ser un acto necesario en casos “coyunturales” pero cuando se vuelve el principio de la acción y la discusión, lo que se hace es repetir el esquema manipulador de Televisa y TV Azteca, quienes hacen de la “opinión política” la nueva verdad y conocimiento de la realidad del país.
Desde esta “opinadería”, la unidad de la izquierda comúnmente se pone como el reto unir y converger tales “posiciones” y no como el cometido de construir un horizonte teórico-práctico desde donde se pudieran plantear acciones conjuntas y globales. Quizás sea por esto que los movimientos parecen todos desperdigados, con “sus” propuestas “verdaderas” pero incapaces de frenar o superar los avances del capital.
La reducción de la complejidad de la revolución a esquemas “estatales” por un lado, ó “economicistas“ por otro, ha hecho que la lucha sea planteada en los límites de horizontes abstractos, sin llegar aún a comprender las dinámicas “complejas” de la totalidad histórica.
La reducción casi total del estado a un órgano parlamentario que administra la represión y el hambre, la incapacidad probada para una transición electoral, y la creciente pauperización de las grandes mayorías, están creando condiciones inéditas de conflictos sistémicos en nuestro país. La neblina parece despejarse para mostrar el conflicto esencial de la política moderna: la lucha de clases, entre los grandes dueños y administradores del capital nacional y transnacional y los sectores proletarios y excluidos de nuestro país. Frente a este enemigo real y sistémico se requiere mucho más que tomar la tribuna, o hacer una marcha. Requerirá la construcción de instituciones de transformación clandestinas, autónomas, críticas. El movimiento obradorista, como otros movimientos contestatarios, se acercan a su encrucijada inmanente: salirse de los marcos “contestatarios” y sumarse ó llamar ampliamente a la refundación clandestina política, económica y cultural del país, o bien introyectarse para resucitar a un PRD repleto de traidores. Toda salida que decida, implica asumir una posición real y práctica frente a las luchas que están dando los maestros de
Recuperar la teoría crítica implica pues, quitarse las anteojeras de la inmediatez y la ideología, no sólo para contemplar el universo de posibilidades y retos socialistas que se muestran frente a nosotros, sino para vernos a nosotros mismos, como un horizonte que se expande en su capacidad para avanzar, para pensar y para realizar sus anhelos.
Prescindir de esta teoría, y dejar el acto osado y riesgoso de la lucha al libre espontaneísmo de un pueblo sólo “encabronado”, puede ser la grieta que destruya esta oportunidad que tiene México de ser punta de lanza de verdaderas transformaciones anticapitalistas y convertirlo por el contrario, en el ejemplo mundial de la nueva dictadura del Capitalismo Neoliberal y Fascista del siglo XXI.
Posted: Mayo 1st, 2008 under El Machete No.199, El Machete.
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