La voz que rompe el silencio
cuando la injusticia en el país que no sabíamos de ella, y todos nos tapamos las bocas con el pasar de un funeral en sombras, y aunque la sangre haya brotado desde la voz que rompe el silencio, ignoramos que unas balas se prendieron como botones en los huipiles coloridos con hilos de sangre, dejando a Teresa y Felícitas morir como se asesinan a mujeres en el país que no sabíamos de ellas.
Esas muchachas indígenas triqui, en la flor de la oaxacanta, alcanzadas por las flores rojas y metálicas de la primavera, fueron matadas porque Tal parece que no eran en sí locutoras, sino jóvenes indígenas triqui activistas de cierto grupo, dijo el hijo de puta de Pazos, arriscándose complacido los bigotes el gobernador Ulises, tratando a la voz que rompe el silencio, de asilenciarla, pero cuando dos voces son quebradas, las otras voces se alzan a través de las radios indígenas comunitarias, pidiendo no dejar de escuchar a esas muchachas indígenas triqui en el país que no sabíamos de ellas.
En el camposanto de San Juan Copala, arden las flores primaverales con la sangre de un atentado que el gobierno de Oaxaca no dejará impune, dicen que dijo el secretario del gobernador, porque sumar a esas muchachas indígenas triqui a las estadísticas de la ignominia y la injusticia de los derechos humanos en el país que no sabíamos de ellas, es darle más voces a la voz que rompe el silencio.
Con la justicia o no, la injusticia existe, y la voz que rompe el silencio en el país que no sabíamos de ella, aún mientras la vida en ese jardín de oaxacantas en flor sea lo que para las radios indígenas comunitarias: la voz que rompe el silencio, y no cesa ni ceja, transmitiéndose desde los rincones floridos y mortecinos en el país que no sabíamos de ella, de ellas, de ti, de mí, de nosotros y de los otros, cuando no hay retórica ni demagogia en este poema en el país que no sabíamos que existía, porque tal parece que las montañas entre la sierra y la selva, le renacen teresas y felícitas desde el silencio con la voz de la tierra. Y como la voz que rompe el silencio, el agua y la piedra son necesarias para el eco y un sinfín de pájaros canten lo que las hermosas muchachas indígenas van denunciando, sin que los burdos asesinos del crimen en la emboscada, las arreculen desde San Juan Copala hasta en el país que no sabíamos de ellas, porque en los huipiles tejidos del recuerdo, la memoria, es una bordadura a prueba de olvidos y hecha con la voz y el cuerpo de las palabras que, la abuela Gregoria Agustina, con las trenzas canicies destrenzadas, mostró al país lo que no sabíamos de ellas. Por SiempreNino Gallegos
Posted: Mayo 12th, 2008 under Literatura Popular.
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