Codicia, regulación o capitalismo (Parte III - Final)
Claudio Katz
El agravamiento de la crisis ya forma parte del paisaje cotidiano. Los informativos invariablemente incluyen el desmoronamiento de algún banco, el desplome de las Bolsas y anuncios de masivos despidos. La intensidad del temblor está a la vista, pero sus causas permanecen en la oscuridad. Las explicaciones neoliberales y keynesianas que ocupan la primera plana, no aportan respuestas significativas.
Cronología y significación
¿Cuál es la cronología de la conmoción en curso? ¿Cuándo comenzó el proceso que desembocó en el tsunami actual? Es obvio que antecedió al desmoronamiento bursátil y a la insolvencia de los deudores sub-prime. Sólo la estrechez de la ortodoxia puede imaginar un determinante tan coyuntural de un desplome financiero, que fue gestado durante un período más significativo.
Algunos teóricos acertadamente ubican ese origen en la consolidación del neoliberalismo. Al imponer un reflujo de los trabajadores en los países avanzados, las clases dominantes cerraron la crisis de los 70 y forjaron el esquema de acumulación que ahora naufraga. El temblor en curso es un resultado de las transformaciones sociales y las contradicciones económicas que generó ese modelo. (26)
Otro enfoque observa al descalabro actual como un nuevo peldaño de la prolongada crisis iniciada a fines de los 60. Considera que esta larga recaída ha sido prorrogada con artificios de emisión y endeudamiento, que no lograron interrumpir la continuidad de una regresión crónica. (27)
El problema de este segundo enfoque radica en la imprecisa conexión que establece entre la crisis actual y los cambios capitalistas de las últimas dos décadas. No explica como la liberalización financiera, la internacionalización productiva y la expansión de las empresas transnacionales determinaron los desequilibrios que han precipitado el tsunami global. Tampoco esclarece de qué forma la competencia por fabricar más productos con salarios decrecientes desencadenó la sobreproducción y cómo la titularización de los créditos provocó la sobre-acumulación de capital.
Si se remonta el origen de la crisis a cuatro décadas, las transformaciones del neoliberalismo pierden relevancia en la explicación de la conmoción actual. Un letargo tan prolongado es, por otra parte, poco compatible con el funcionamiento convulsivo del capitalismo. Este sistema es siempre corroído por su frenético dinamismo.
El neoliberalismo no es sinónimo de estancamiento. Si hay sobreproducción es por la intensidad de la fabricación industrial. Dos décadas de fuerte competencia entre las corporaciones trasnacionales refutan la equivocada imagen de los monopolios, como instituciones que frenan la innovación o acuerdan el reparto organizado de los mercados. Pero si pudieran concertar la manipulación de los precios, la crisis estaría signada por la inflación y no por la tendencia al desplome de los precios.
Otra controversia entre los marxistas apunta a clarificar la significación histórica de la conmoción en curso. Algunos autores resaltan la ubicación de este estallido en una etapa declinante del capitalismo, que contraponen con otro estadio pujante del pasado. Se apoyan en la teoría del ciclo vital, para postular una rigurosa delimitación entre períodos de ascenso y decadencia de los regímenes sociales. (28)
Pero la utilidad de este razonamiento es muy dudosa. El capitalismo surgió saqueando a la periferia, se forjó empobreciendo a los campesinos y se consolidó explotando a los trabajadores. Posteriormente perpetró guerras interimperialistas que aniquilaron a millones de personas y en la actualidad se desenvuelve devastando el medio ambiente. La propia evolución del sistema genera este tipo de catástrofes y es ocioso evaluar cuál de ellas lidera el ranking de los cataclismos. Lo relevante es la naturaleza social destructiva del capitalismo y no las perversidades de este régimen en cada etapa.
Ciertamente los límites del capitalismo se acrecientan con su expansión. Pero estas barreras son cualitativas o sociales y no geográficas o numéricas. El agotamiento de una frontera (como pensaba Rosa Luxemburg) o del volumen de extracción de la plusvalía (como creía Henryk Grossman) no representan obstáculos absolutos a la acumulación. El capitalismo contrapesa este tipo de asfixias abriendo nuevas áreas para la explotación (restauración en el ex “bloque socialista”) y nuevos sectores para la inversión (privatizaciones).
Las barbaridades que genera este sistema son más que suficientes para reprobarlo. El capitalismo a secas es un tormento cotidiano que no requiere adjetivos adicionales. Es falso suponer que este régimen fue más contemplativo con los explotados en el pasado. Basta recordar la esclavitud, el pillaje o la masacre demográfica (durante su nacimiento) o el trabajo infantil y las jornadas de 16 horas de la revolución industrial (durante su despegue). Para los trabajadores nunca existió una edad de oro bajo el yugo del capital.
Por estas razones la única distinción relevante es la que permite diferenciar los períodos de conquistas populares de las fases de atropello social. Estas etapas han sido muy variables y siempre dependieron más de la intensidad de las luchas (o la amenaza de revoluciones), que del estancamiento o expansión de las fuerzas productivas. En la posguerra del siglo XX (es decir en la madurez del sistema), se obtuvieron más logros sociales que en toda la historia previa de este régimen.
Los contrapuntos entre el auge y la declinación del capitalismo frecuentemente presentan un cariz fatalista y sugieren la existencia de un curso predeterminado de la historia. Los augurios de la decadencia tienen, además, una connotación religiosa de castigo a las sociedades que han pecado.
En cualquier caso se desvía la acción política socialista del propósito de obtener conquistas para remover al capitalismo. La experiencia ha indicado que ambos objetivos pueden lograrse en un espectro muy variado de coyunturas. El capitalismo no se auto-extinguirá por su propia corrosión. Será erradicarlo por una acción política, si los explotados encuentran el camino para forjar la alternativa socialista.
Tres escenarios
Las distintas caracterizaciones teóricas serán puestas a prueba en los próximos meses por el agravamiento de la crisis. La tasa de crecimiento del 2009 será ínfima a escala global (1,9%) y nula o negativa en las economías centrales. En Estados Unidos cae la inversión, se multiplican las pérdidas de los ahorristas particulares (que aportan la mitad del movimiento bursátil), se desploma el consumo y se disipa la expectativa en las exportaciones como salvavidas. Desde el momento que este mismo panorama se verifica en Europa, un drástico reflujo afecta a la mitad de la economía mundial.
Los bancos continúan recibiendo multimillonarios socorros oficiales. Al Citibank , por ejemplo,le otorgaron una suma que supera lo gastado con AIE, Fannie Mae, Freddie Mac y Washington Mutual. Pero las entidades utilizan el dinero público para compensar pérdidas o adquirir otras entidades. No movilizan el crédito y ni siquiera informan el destino de los fondos que el estado les transfiere. Esta impunidad le ha permitido al coloso mayorista Morgan Stanley absorber a sus competidores regionales y financiar en solo dos meses su reconversión en banco comercial.
El auxilio a los banqueros ya consumió 350.000 millones de los 700.000 millones de dólares aprobados por el congreso norteamericano para nacionalizar las hipotecas tóxicas. Pero, además, este proyecto quedó cajoneado ante la imposibilidad de valuar los títulos inservibles.
A diferencia de muchas nacionalizaciones de posguerra el rescate actual excluye controles sobre el dinero otorgado. La expectativa de modificar este derroche con la llegada de Obama tiende a diluirse con los nombramientos que ha difundido. Seleccionó a la crema de las altas finanzas (Volcker, Rubin, Geithner, Summers) para enviar un mensaje de continuidad a los banqueros. Esta decisión ensombrece todos sus proyectos reformistas de aumentar los impuestos a los ricos, crear un seguro de salud o abaratar la educación.
Frente al vertiginoso desplome del nivel de actividad, Obama decidió ampliar su mega-plan de obras públicas. Pretende crear los cuatro millones de empleos que se perderían en los próximos meses. Pero nadie sabe cómo se compatibilizará ese gasto con el continuado auxilio de los bancos. Aunque el establishment convalida el gasto público en gran escala, tarde o temprano saldrá a flote la limitada disponibilidad de fondos.
También la debatida recreación de un New Deal afronta varios obstáculos. La economía estadounidense ha perdido el carácter auto-centrado que permitía implementar políticas de reactivación con cierta celeridad. El avance de la internacionalización obliga a concertar estas orientaciones a nivel global. Especialmente la dependencia del financiamiento externo impide solventar exclusivamente el gasto con impuestos internos.
Tampoco se percibe un renacimiento de la economía de guerra que puso fin a la depresión del 30. La ausencia de colisiones interimperialistas y la tecnificación militar limitan la creación de empleos surgidos de la actividad bélica.
En este contexto se vislumbran tres escenarios posibles. La hipótesis más optimista estima que los planes keynesianos tendrán un impacto óptimo y acotarán la duración de la recesión a tan solo un año. Este pronóstico de recuperación en el 2010 es la apuesta del FMI. Si, por el contrario, las medidas contra-cíclicas tienen poco efecto (o generan reactivaciones efímeras seguida de nuevas caídas) se globalizaría la parálisis deflacionaria, que afectó a Japón en los 90. La tercera opción es una reiteración de la depresión del 30.
Esta última posibilidad implicaría un drástico agravamiento del marco actual. La recesión norteamericana ya acumula 12 meses, que superan los 8 meses de la caída de 1990 y 2001 y se aproximan a los 16 meses de las bajas de 1981 y 1973. El dramático salto hacia los 43 meses que duró el colapso de 1929 es todavía solo una amenaza.
Lo mismo ocurre con el PBI. La caída de 0,8-1,2% (2008) y 0,5 % (2009) que se estima para Estados Unidos difiere del furibundo bajón del 33%, que se registró en 1929-33 (55% en la producción industrial y 88% en la inversión). En el plano social la repetición de la gran depresión significaría una traslación a los países centrales del nivel pobreza (50%) y desempleo (30%) que, por ejemplo, padeció Argentina en el 2001-02.
Resulta imposible predecir si la recesión desembocará en semejante desmoronamiento, pero por primera vez en décadas ese fantasma revolotea sobre la economía mundial.
El comienzo de la resistencia
El desempleo en gran escala es la mayor amenaza que se cierne sobre los trabajadores. La OIT pronostica 20 millones de nuevos de parados en el mundo, lo que elevaría este flagelo al peor nivel desde los 80. Lo más aterrador es la velocidad que adquiere la destrucción de empleos.
Desde hace décadas no se observaba en Estados Unidos la eliminación de 533 mil puestos de trabajo en un solo mes (noviembre pasado). Para los 30 países más desarrollados, la OCDE anticipa tasas de desempleo de 5,6% (2008), 6,9% (2009) y 7,2% (2010). En Estados Unidos ya se registra un 6,7% y en la Euro-zona 7,7%. Otros economistas consideran factible la irrupción próxima de una desocupación de dos dígitos.
Este sombrío panorama no impide a muchos analistas estimar que el “capitalismo tendrá capacidad para sobrevivir a la crisis” (29). Estas caracterizaciones -formuladas desde ópticas progresistas- padecen una esquizofrénica disociación entre diagnósticos y pronósticos. Despotrican contra el sistema, denuncian los auxilios a los banqueros y repudian las agresiones contra los trabajadores. Pero descartan la posibilidad de una resistencia popular que termine confrontando abiertamente con el capitalismo. Siempre resaltan la “inexistencia de condiciones” para que “alguien desafíe al sistema”.
¿Pero cuál es el fundamento de semejante fatalismo? No es suficiente afirmar que en el pasado el capitalismo logró capear temporales semejantes. Esa rutina de la historia ha sido reiteradamente quebrantada por acontecimientos imprevistos.
Suponer que “otro modelo” del mismo sistema inevitablemente sobrevendrá, para enmendar los excesos del neoliberalismo es la tranquilizadora creencia que propaga la ideología predominante. Al reproducir sin crítica este mismo supuesto se da por sentado el triunfo de los dominadores. En realidad, ninguna batalla está perdida de antemano. Solo hay garantía de padecimientos si se abandona la lucha.
Las condiciones para confrontar con el capitalismo nunca han preexistido a la crisis. Se forjan y maduran en el desarrollo de esas turbulencias. En la coyuntura actual este proceso recién comienza, será largo y nadie sabe como concluirá. Todo depende de la reacción, organización y programa que adopten las masas.
Hasta ahora prevalece el aturdimiento. El colapso financiero ha sacudido a la población de las economías avanzadas, que suele identificar esas debacles con los desajustes del Tercer Mundo. La llegada del tsunami al centro del capitalismo ha creado un desconcierto que comienza a traducirse en protestas sociales.
La primera rebelión de importancia se ha verificado en Grecia y presenta cierto parentesco con el 68 francés. Esta revuelta podría marcar la pauta del próximo período. La reacción estudiantil contra la represión policial de un gobierno derechista desencadenó huelgas y marchas masivas de gran impacto continental. También en España e Italia hay movilizaciones educativas que tienden a empalmar con la lucha obrera.
La combatividad de la juventud -que padece en mayor grado el desempleo y la precariedad laboral- puede ser el termómetro de la batalla en ciernes. A un nivel mucho más embrionario se ha registrado en Estados Unidos, el simbólico triunfo de los trabajadores que ocuparon una fábrica (Republic Windows) en defensa de sus ingresos. ¿Estos indicios anuncian un cambio de etapa en la acción popular?
Por primera vez en décadas, la crisis del capitalismo se procesa en el centro del sistema y pondrá a prueba a una nueva generación de trabajadores. Su reacción es la principal incógnita de un período signado por la turbulencia, los virajes y los imprevistos.
Ver también:
- Codicia, regulación o capitalismo (Parte II)
- Codicia, regulación o capitalismo (Parte I)
Notas:
26) Panitch Leo, Gindin Sam. “Capitalismo global e imperio norteamericano”, El nuevo desafío imperial, Socialist Register 2004, CLACSO, Buenos Aires 2005. Gindin Sam, Panitch Leo, “Superintending Global Capital,” New Left Review, 35, Sept/Oct 2005.
27) Brenner Robert, Una crisis devastadora, Against the Current n 132, enero-febrero 2008.
28) Es la concepción que desarrollan Mercadante Esteban, Noda Marín. “Gradualismo y catastrofismo”, Lucha de Clases, n 7, octubre 2007.
29) Vilas Carlos “Confusiones y auto-engaños”, Página 12, 3-11-08. En la misma línea de reflexión otros autores estiman que el “sistema mundial seguirá siendo capitalista y no estará en juego la posibilidad de derrocarlo”, Tumini Humberto, “Capitalismo mundial: derrumbe o nueva etapa”, libresdelsur.org.ar/spip.php, 9-2-08.
Bibliografía adicional:
-Astarita Rolando. “Crédito, crisis financiera y ciclo económico”, octubre 2008. www.iade.org.ar/modules/noticias
-Bach Paula. “Cinco preguntas claves sobre la crisis capitalista”, La Verdad Obrera, n 2666, febrero 2008.
-Beinstein Jorge. “En el comienzo de la segunda etapa de la crisis global”. ALAI, 11-2-08.
-Bello Waldem, “¿Cómo se derritió Wall Street?” Focus on the Global South n 143, September 2008.
-Dumenil Gerard, Levy Dominique. “Global debts undermine World hegemony. US on the road to financial ruin” mondediplo.com/2008/09/05/usfinance
-Grossman Henryk. La ley de la acumulación y el derrumbe del sistema capitalista, Siglo XXI, México, 1979.
-Husson Michel “Le capitalisme toxique”, Inprecor 541-542, septembre-octobre 2008.
-Luxemburg, Rosa. La acumulación del capital. Editoral sin especificación, Buenos Aires, 1968.
-Mészáros István. “A crise en desdobramento e a relevancia de Marx” communistwombat.blogspot.com/2008
-Salama Pierre. “La crisis del sistema financiero Internacional”. Realidad Económica www.iade.org.ar/modules/noticias24 Jun 2008
-Taab William “The financial crisis of US capitalism”, www.politicalaffairs.net/article/view
Posted: Enero 8th, 2009 under Opinión.
Comments: none







