MANQUE GÜILLY SE ENCABRONE
“Entonces, como EZLN, porque nosotros decimos que cada organización debe mantener su independencia y autonomía y seguir con su política de alianzas, no podemos, éticamente, establecer ningún tipo de relación con los que están
oprimiendo a nuestros compañeros porque ya son nuestros compañeros (…) No nos inviten porque si nos invitan vamos a decir que sí y nosotros no vamos a aceptar estar sentados (…) sin hacer un pancho. Vamos a hacer un desmadre”
S.C.I. Marcos en la cuarta Sesión Plenaria de la Otra Campaña del 17 de septiembre de 2005, refiriéndose a los charros sindicales.
Aunque Güilly se encabrone, manotee y eructe un lastimero ¡basta!, el auditorio Che Guevara no es de la comunidad. El Che es la antítesis de la comunidad. Por eso está ocupado. El Che dejó de ser un problema de la comunidad desde hace mucho. Desde agosto de 1968. Desde que los estudiantes y
profesores universitarios organizados contra la estúpida represión gubernamental lo tomaron y renombraron. Fueron ellos, los mismos que luego darían a su movimiento una dirección política reconocida, definida y colectiva: el CNH, los que hicieron suyo el Che para organizarse. No fue el MURO, no fueron las asociaciones estudiantiles priístas, no fue Barros Sierra. Luego, en 1986-87, cuando el Che volvió a serlo, es decir, a llenarse de estudiantes discutiendo como defender su derecho a estudiar, volvió a serlo por ellos, no por la comunidad. Aunque algunos, los que dirigieron ese movimiento, -y a los que Güilly por cierto, trató muy de cerca- se hayan vendido y disfrazado su victoria pírrica (que en realidad no fue sino una derrota pospuesta) de inteligente diálogo público, sólo para esconder sus negociaciones a oscuras con la rectoría.
Y después, hace diez años, como mejor debieran recordar el señor Güilly y los que piensan como él, fue nuevamente un movimiento estudiantil, para ser más claros: un movimiento que defendía el derecho de los trabajadores, del pueblo pobre y de sus hijos a tener un lugar en la UNAM, el que tomó el Che. No fue la comunidad. No fueron los partidos políticos electoreros. No fueron los profesores eméritos que luego trataron de convencer al mismo movimiento de que arriara sus banderas a cambio de nada. No fue Gonzalo Celorio, (por entonces director de la Facultad de Filosofía y Letras) quien abrió las puertas de su Justo Sierra para que los estudiantes discutiéramos como parar el aumento de cuotas. No fuimos ni siquiera todos los miles de estudiantes que estábamos
matriculados por entonces en la Facultad. No fueron los cientos de profesores.
No, nuestro Che lo retomamos nosotros, nos metimos a él sin permiso, para abrir por dentro y por la fuerza las puertas. Esas que en nombre de la comunidad nos cerraba la autoridad. Esto fue por marzo-abril de 1999. Y sólo entonces
pudimos realizar ahí las asambleas de los que en y desde la Facultad, pero sobre todo, en y desde un movimiento concreto nos opusimos desde un principio a las reformas privatizadoras.
El 20 de abril se constituyó allí el Consejo General Huelga. El CGH, la dirección política y colectiva de nuestro movimiento. Dirección legitima desde el principio hasta el fin de la huelga, le haya pesado a quien le haya pesado y le haya dolido a quien le haya dolido entonces, si se nos permite parafrasear desde la memoria.
Todos sabemos cómo la huelga del CGH enfrentó por diez meses a sus enemigos: a los partidos políticos con registro, a la Rectoría, al gobierno local <<democrático y de izquierda>>, al gobierno federal, a la prensa oficial y a la que se disfraza de plural para encubrir su complicidad. Enfrentó
a muchos intelectuales también <<de izquierda>>, que entonces también quisieron callarnos. Enfrentó al alto clero, a los empresarios.
Y fue precisamente cuando se definió la estrategia para terminar con nuestro movimiento, que allá arriba se apeló a quien hoy el señor Güilly apela: a la comunidad. Bastó una seudo consulta a la seudocomunidad para que Juan Ramón de la Fuente y Ernesto Zedillo cerraran el cerco a nuestro movimiento y dieran paso a la salida represiva.
Lo que vino después, también ya lo sabemos: la provocación porril y de los cuerpos parapoliciacos universitarios. El abandono de alguna escuela por los traidores que lo habían anunciado y sido desde mucho antes. La batalla en la
prepa tres (donde nuestros compañeros resistieron, ahí si, heroicamente) y la toma de ésta por la recién estrenada Policía Federal Preventiva. Luego la toma de Ciudad Universitaria por los mismos militares vestidos de gris. La
detención de casi mil universitarios. Muchos de ellos en el auditorio Che Guevara.
Cuando la PFP entró en el CHE, no iba a detener a la comunidad universitaria. Cuando el Ministerio Público Federal libró órdenes de aprehensión, no fue contra la comunidad, fue contra estudiantes y profesores con nombre y apellido. Quien estuvo meses en la cárcel acusado de los más absurdos delitos, no fue la comunidad, fueron nuestros compañeros y compañeras.
Luego de ello, la rectoría literalmente selló las entradas del Che. ¿Para que no lo usara la comunidad? No, fue para que no lo retomaran los estudiantes e hicieran un nuevo movimiento.
Poco después lo retomó ese mismo movimiento o lo que quedaba de él, no nosotros, no sólo nosotros pero también nosotros. Ocho años en que el Che ha estado abierto, gracias a ese movimiento y a los que mantuvieron desde entonces
en alto su bandera junto a otras banderas dignas . No abierto por la comunidad.
Esta es nuestra historia, y los sentimos si no le gusta, si le aburre o si le encabrona. Una historia seguramente llena de torpezas (como la de irrumpir en foros que no son nuestros), de errores y sectarismos. Pero es la historia de una lucha en la que no hemos hecho nunca a un lado nuestros principios. Y uno de estos principios es abrir el Che, no al universal abstracto, no a la entelequia que usted llama comunidad. Abrirlo a las luchas concretas, a las de los trabajadores de carne y hueso, los que mantienen con su trabajo la universidad, trabajadores reales y vivos como clase, que lo son porque luchan, no porque alguien les dé la palabra, y que no van a desaparecer porque usted o quien sea los margine en sus análisis y los diluya entre las <<clases subalternas>>, a los indígenas y a los campesinos pobres que defienden
a la madre tierra y al agua y no a ningún presidente indígena y asesino de mineros, o a algún gobierno popular aliado de los del dinero. Al movimiento estudiantil independiente, que por cierto nunca ha necesitado pedirnos permiso para utilizar su auditorio. A l@s que luchan por l@s pres@s polític@s. A los y
las que no son universitarios matriculados pero reclaman y merecen un lugar en este espacio. A todos los que no caben en los planes y en los espacios controlados desde el Poder en nombre de la comunidad. A los que no tienen un lugar donde se les escuche en este país que los niega a cambio de darles
existencia a esas otras comunidades también abstractas, y tan harto apreciadas por el capital, que son el Estado y la Nación.
Y no somos tan exigentes: el Che está abierto simplemente a todos aquellos universitarios que tengan un proyecto claro de trabajo honesto -ya sea político, académico o cultural - en él. Pero como todavía no sabemos cuál es el proyecto real del Sr. Güilly, pues aún así está difícil que lo recibamos.
Usted Sr. Güilly fue el que empezó a hablar del <<problema del Che>> precisamente afuera del Che y afuera de la universidad. ¿Se acuerda de lo que dijo en la ENAH cuando presentó la revista Contrahistorias? El que se lleva se aguanta.
Por lo demás, no necesitamos su permiso ni el de nadie para defender al Che dentro y fuera de la universidad. No vamos a esperar inmóviles y callados a que lleguen los porros, la rectoría, el gobierno o quien sea -porque no sabemos
quien se va a atrever-, a desalojarnos y << reabrir el Che >>, es decir a cerrarlo como tal, en nombre, eso sí lo sabemos y estamos seguros, en nombre de la Comunidad. Diez años tal vez no son muchos, pero si han sido suficientes para aprender a que nadie nos calle. xMístico
Posted: Enero 8th, 2009 under Lucha en la UNAM.
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