DESASTRES NATURALES
Alberto Híjar.
Nada naturales son las inundaciones devastadoras de la zona fronteriza entre el Estado de México y el Distrito Federal, tanto en el norte como en el oriente. Igual ocurre con las de Chiapas, Tabasco y Veracruz. Miles de familias han quedado sin casa, vestido y sustento en medio de los torrentes de agua explicados por Luege, el irresponsable de la administración del líquido vital que sin embargo ha buscado disculpa denunciando la falta de conservación y reparación de los drenajes tapados por toneladas de basura. Demasiado ocupado con sus poses ante las cámaras de televisión anunciando obras suntuarias contratadas con consorcios trasnacionales, el gobernador Peña Nieto se ha asomado luciendo chamarra roja para no insultar con sus trajes finísimos a quienes ofrece 7 mil pesos de ayuda obviamente insuficientes porque hay centenares que perdieron todo malviviendo al borde de ríos y corrientes en unidades habitacionales mal planeadas y construidas en beneficio de la especulación financiera fraudulenta.
En Iztapalapa es igual y los pobres de la Nueva Tenochtitlán que entregaron sus escasos dineros y sus personas acarreadas a mítines organizados por la nefasta pareja de René Bejarano y Dolores Padierna, se han quedado sin nada. En Chalco, el Canal de la Compañía sigue siendo una amenazante acumulación de aguas negras sin tratar, sin cauces reparados de las grietas, sin puentes para facilitar el tránsito. El niño que nació en un quirófano inundado y sin energía eléctrica en Ecatepec es un símbolo de cómo están las cosas.
Cada año ocurre lo mismo y para simular ahora que todo va bien, ni siquiera las campañas de ayuda son permitidas. Reina la calma en el país, como dijera Rosa de Luxemburgo la víspera de su asesinato.
A todo esto se suma la impericia de los electricistas improvisados por el Estado expropiador de los bienes del pueblo. Cientos de desesperados usuarios sin electricidad ni agua potable o no, cierran calles, muestran cartulinas con protestas, gritan su furia contra el mal gobierno y sólo reciben el consuelo de algún funcionario menor o mayor que da lo mismo, de que serán atendidas sus desgracias. Pero no, no es lo mismo el nivel de los funcionarios acompañados de cámaras y micrófonos, porque los jefes de jefes del Estado de México y el Distrito Federal aprovechan para mostrarse enchaparrados y con caras adustas como si de veras les preocupara algo más que los grandes contratos de obras espectaculares para comodidad de automovilistas y los proyectos turísticos con sus campos de golf (¡flamante deporte olímpico!), sus malls, sus hoteles superestrellados con finos restaurantes y bares en el corredor de Teotihuacan a Texcoco. Nada para el pueblo, todo para la gente bonita que en realidad es muy fea.
La naturaleza devastada por los ambiciosos en el poder nada tiene que ver con los desastres del día que anticipan un trágico fin de año para los pobres.
Posted: Noviembre 6th, 2009 under Opinión.
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