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A la sombra del patriarca

Nino Gallegos

 

“Por lo que hace al juicio de la posteridad, es un tanto prematuro afirmar que García Márquez es el ‘nuevo Cervantes’. Pero en términos morales no hay comparación. Héroe de guerra contra los turcos, herido y mutilado en batalla, náufrago y preso en Argel por cinco años, Cervantes vivió sus ideales, dificultades y pobreza con una moralidad quijotesca, y la suprema libertad de tomar sus derrotas con humor. Esa grandeza de espíritu no se ha visto en las complicidades de García Márquez con la opresión y la dictadura. No es Cervantes. La obra de García Márquez sobrevivirá a las extrañas fidelidades del hombre que la escribió. Pero sería un acto de justicia poética el que, en el otoño de su vida y el cenit de su gloria, se deslindara de Fidel Castro y pusiera su prestigio al servicio de los boat people cubanos. Aunque tal vez sea imposible. Esas cosas inverosímiles sólo pasan en las novelas de García Márquez”. A la sombra del patriarca, de Enrique Krauze.

 

Enrique Krauze tiene la cualidad intelectual de incomodar hasta los muertos que una vez fueron personas, personajes y protagonistas vivos del poder político mexicano, haciéndolo sobresalir de entre lápidas, jardines y monumentos como el de la Revolución Mexicana o el de la Rotonda de los Hombres Ilustres, no escatimándole a ninguno de ellos las buenas y las malas conductas con las que decidieron y actuaron en vida. Enrique Krauze es un historiador que investiga y ensaya con el maniqueísmo ideológico político que él ha mamado y se ha alimentado de la historiografía mexicana. Es un desenterrador de muertos como un enterrador de vivos cuando en El Mesías Tropical hizo una labor a favor del electorado por la derecha de la revista Letras Libres que dirige en consonancia y disonancia de los medios impresos y electrónicos conservadores mexicanos, en el 2006: a Andrés Manuel López Obrador le adjetivó hasta de lo que no iba a ganar la Presidencia de la RepMex. Es un tipo de plumas tomar, y parece que no hay aún quién le haya escrito una biografía del poder y de su poder. No ha sido con ningún tipo de gratuidad lo que Enrique Krauze ha acumulado como intelectual empresarial más político que académico, porque a su enseñanza académica se le ve de qué está hecha la Historia para él: interpretándola desde la izquierda con una lectura desde la derecha, la de una democracia sin adjetivos que adjetiva en los amigos correctos para complacerlos y en los enemigos incorrectos para descalificarlos que, lejano o cercano de Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Martín Luis Guzmán y Octavio Paz, y de lo que ellos le pudieron enseñar al incondicional discípulo lo que no aprendió de Daniel Cosio Villegas: “la entereza intelectual y la independencia crítica”, a considerar de Lorenzo Meyer sobre el maestro Daniel Cosio Villegas, y lo que aprendió Enrique Krauze de Octavio Paz fue cultivar cercanamente la distancia con El Príncipe del Estado.

Enrique Krauze no es de los intelectuales que sufra alguna crisis de conciencia, puesto que habiendo sido entronizado al poder mediante las biografías del poder, el ensayo histórico que le ha servido como la gran muleta en la que se ha apoyado bajo el sobaco derecho y así haber dado sus primeros pasos con el pie derecho por delante, abriéndose camino a la postura-la impostura de ser un hombre público que solamente ha hecho públicos a los hombres del poder, pero no el hombre que es él ante y para el poder: Krauze no fue capazmente crítico para pedirle al Poeta Patriarca de la poesía y de los poetas mexicanos que se alejará del poder político y económico, porque de alguna manera no quiso quedarse desamparado de la sombra del patriarca. En tiempos de impunes espinas en las rosas rojas y de impunidades políticas tanto en los hombres públicos como en las mujeres públicas en México, un intelectual crítico como Enrique Krauze es un respiradero desde abajo de los resumideros que son los surtidores de las fuentes de la sabiduría que se van bifurcando y brotando por los senderos y los paseos jardínicos con estatuas presidenciales de Los Pinos. Cuando el historiador-Enrique Krauze le pide al escritor Gabriel García Márquez que se deslinde de Fidel Castro, desde cuándo Krauze se deslindó del PRIAN y se ha unido a los indígenas-campesinos mexicanos que son la sal, la sangre y la herida de la tierra de los que se quedan o se van como inmigrantes, así como él hace melodramáticamente de los balseros cubanos-los infelices indocumentados que García Márquez no ha relatado-denunciado ni denunció en los relatos de un náufrago. Las extrañas fidelidades de GGM por FC es de un hombre por los hombres y las mujeres de una realidad latinoamericana que exige las fidelidades y las lealtades que son más exigentes que las intimidades y las infidelidades de alcoba durmiendo con el enemigo o con la enemiga ideológico y político de a lado, y lo que uno sienta de manera íntima y pública como lector por la obra periodística y literaria de GGM no es comparable ni tampoco despreciable, sino, lamentable, por la obra ensayística de Enrique Krauze, a la cual y al cual los rige el autoritarismo intelectual con el caciquismo cultural de las Letras Libres en relación con los intereses políticos, empresariales y editoriales con el partido político, en turno, que en él ha sido conducente y conveniente mientras que haya una posición cómoda y confortable de escribir desde la izquierda liberal para cobrar desde la derecha conservadora.

Enrique enjuició políticamente a López Obrador para beneficio de la derecha mexicana y ahora enjuicia literariamente con la ideología krauzeana de su capital crediticio para las derechas cubana y colombiana, y cuando viajaron él, Jorge Castañeda y Mario Vargas Llosa a Venezuela para el Encuentro Internacional Libertad y Democracia, se portaron envalentonadamente conservadores y neoliberales con carisma de líderes mediáticos pagados por uno de los tanques del pensamiento neoliberal capitalista y antisocialista: el Centro para la Divulgación del Conocimiento Económico (Cedice). Luis Hernández Navarro los describió y escribió así, en La Jornada: “Sin embargo, a pesar de su reciente protagonismo, los profetas del fin de la utopía hacen agua. No tienen nada que ofrecer a los pueblos de América Latina. Quienes los escuchan son, apenas, sus audiencias de siempre. Sus opiniones no norman criterios ni legitiman conductas. A pesar de sus opiniones, por todos los rincones de la región florecen proyectos emancipadores. La lucha indígena es imparable. El marxismo crítico renace. Los movimientos sociales ponen en jaque a las oligarquías. La crisis económica hundió definitivamente al Consenso de Washington. Con él se hunden quienes navegaban en ese barco decretando que era la única opción viable”. Si Enrique Krauze cree tener el poder de enjuiciar siniestra y derechamente a los que habrán de pasar a las biografías del poder, ¿porqué no lo hace ya con Felipe Calderón Hinojosa, no teniendo que esperar que cumpla seis años, pues si hay algo a favor del biógrafo, historiador, ensayista del poder en México, es la cortedad de la estatura y de la investidura del presidencialismo de manos limpias y del empleo PANista, echándole la mano, por el resto del sexenio, al regreso de las manos largas y corruptas del PRIísmo? Escribe en, Intelectuales y Políticos, Arnoldo Kraus: “La conciencia crítica es un don; ejercerla, para confrontar nuestra ralea política es no sólo una posibilidad, sino una obligación del medio intelectual”, respondiéndole un lector de La Jornada, Eduardo Avila, con el siguiente comentario: “arnoldo: observo cierta ingenuidad en tu artículo.es tradiciòn en mexico el servilismo de un amplio sector de intelectuales al gobierno. para ejemplos del momento actual enrique krause y cia…sus libros estan HASTA CUATRIPLICADOS EN LAS BIBLIOTECAS PUBLICAS DEL PAIS…carlos fuentes..avaló el fraude y OBTUVO EL HOMENAJE POR SUS 80 AÑOS…y asi una larga,precisa,detallada y significativa lista”..

La obra de Enrique Krauze ha convivido en la connivencia de sus claridosas fidelidades del hombre que la ensayó. Pero sería un entreacto de justicia ensayística el que, en las Letras Libres de su vida y en Clío de su gloria, se deslindara del empresariado político e intelectual y pusiera su prestigio al servicio del mainstream ideológico del Think Tanks latinoamericano. Aunque tal vez ya ha sido posible. Esas cosas ciertas sólo pasan en los ensayos de Enrique Krauze.

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